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El Botox se presenta como un tratamiento para
combatir las arrugas del rostro, rellenando los surcos que se generan
en la piel con el paso de los años, en zonas como el contorno de ojos,
labios, etcétera, de manera que se presenta un aspecto rejuvenecido de
la piel.

Su utilización ha entrado con fuerza en los
cuidados estéticos y ha surgido como solución estética sin necesidad de
entrar en un quirófano. Ya son millones de personas en el mundo
las que se han sometido a este tipo de tratamiento.
No obstante, cabe saber que su uso puede causar serias consecuencias
perniciosas para nuestra salud. Este producto se hace a partir de
la toxina butolítica y si ésta se distribuye por el organismo, más allá
de donde ha sido inyectada puede producir reacciones adversas y, entre
ellas problemas respiratorios e incluso la muerte.
La Agencia Federal del Control de Medicamentos, FDA, advierte
sobre las consecuencias que puede conllevar su uso y exige mayor
rigurosidad en las advertencias sanitarias.
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